Merece verse en mayor tamaño

Género: Ambient / Avant-garde
Valoración: Obra Maestra

‘Spirit of Eden’ es una obra tan compleja que muy posiblemente no alcance a desgranarla ni en una milésima parte en las apenas 600 o 700 palabras que le acabaré dedicando. Apenas sucintamente puedo sacar a la luz los misterios que Mark Hollis, alma máter del grupo, guarda tras esos títulos sugerentes, floydianos – de la época DSOTM sin duda -, que componen la obra.

El inicio engaña. O no. Engaña porque nos encontramos con sonidos dispersos, espaciados, sugerentes. Ningún tipo de muro de sonido a lo Phil Spector con millones de capas a la vez. Pero de ahí se puede deducir su grandeza. Nada sobra. Todo tiene un propósito. ‘Spirit of Eden’ no es post-rock. ‘Spirit of Eden’ es impresionismo avant-garde en toda regla.

The Rainbow abre, pues, un infierno para el crítico, que no sabe a qué modelo agarrarse para analizarlo. ¿Free jazz? ¿Post-synthpop? ¿Ambient? Saxo, cuerdas y piano abren y no es hasta los dos minutos y medio cuando una guitarra enuncia el tema principal de la canción. Toda una declaración de intenciones. Ésta ya no es la música inmediata de otros discos de Talk Talk como ‘The Party’s Over’ o ‘It’s My Life’. Hollis perfecciona su quejido lastimero de herencia Ferry-ana de forma que se convierte en un instrumento más de la obra. Ni una palabra por encima de la otra. El pulso al mismo ritmo siempre. ¿Y al final? Al final un solo de armónica breve y preciso que me levanta verdadera admiración.

‘Spirit of Eden’ es una obra de la precisión, aunque, paradójicamente, las letras son más imprecisas que nunca. Si The Rainbow parece tener algo que ver con el blues (la armónica puede apuntar a las canciones carceleras de principios de siglo XX), Eden ya es todo lo críptico que uno se pueda imaginar: “Summer bled of Eden/ Easter’s heir uncrowns/ Another destiny lies leeched upon the ground”. Quizás aquí pueda hacerse notar uno de los sellos distintivos de algunos grupos post-rock de los 90 como Mogwai: las continuas subidas y bajadas de intensidad. Es un puro tiovivo musical. Pocos habían jugado con la dinámica de esta forma.

Cada canción está perfectamente entrelazada una con otra, de forma que se intuye una cierta unidad temática, un sentido de obra total en ‘Spirit of Eden’. Eden desemboca en una de mis preferidas del disco, Desire, que incluye ritmos latinos en el estribillo. No es algo improvisado, por supuesto. ¿Hay algo más apropiado para un tema sensual que habla sobre el deseo que eso?

Es curioso, pero parece que desde el primer tema el optimismo va creciendo, y ya para Inheritance ha cambiado totalmente el lenguaje. De los ecos de muerte y culpa del principio a un tema que acaba “Heaven bless you in your calm/ my gentle friend/ Heaven bless you”. De ahí pasa a algo todavía más espiritual.

I Believe In You es el corte anti-heroína del conjunto, como el mismo Hollis confesaba. La atmósfera sigue siendo positiva, pero ese mantra redentor del final (“Spirit/ how long”) va creando un estado de ánimo particular de cara al final del disco. El bajo juega aquí, junto al órgano, un papel sustancial.

Llega el final. Wealth, un corte tremendamente tranquilo y quizás menos interesante que el resto, pero que culmina líricamente el disco de forma impecable: la celebración del amor como la verdadera riqueza espiritual. Es el tema más litúrgico de todos, sin duda. Si alguna vez se tachó a este disco de religioso, en Wealth encuentran todo su fundamento. El uso del órgano, cada vez más prominente hacia el final del disco, alcanza aquí su cénit, y no está mal señalar que todo fue grabado en una iglesia abandonada…

Pero hay que creer a Hollis. Aquí no hay connotaciones cristianas, a pesar de lo que diga el título. Aquí hay connotaciones espirituales, como dice el título, y, además, una obra titánica y sin parangón en la música popular, al menos hasta la fecha en que se publicó.

Tracklist

  1. “The Rainbow” (9:05)
  2. “Eden” (6:37)
  3. “Desire” (7:08)
  4. “Inheritance” (5:19)
  5. “I Believe In You” (6:08)
  6. “Wealth” (6:35)