Ahí tenemos a un futuro redneck americano...

Género: Rock Sureño
Valoración: Excelente

Después de la trágica muerte de Duane Allman en un accidente de moto (no sé qué pasa con estos sureños que todo Dios muere en accidentes prematuramente), la banda siguió adelante con el complicadísimo papel de haber perdido a uno de los mejores guitarristas del mundo (y no lo digo yo exclusivamente). A esto se le sumó la dificultad de que poco antes de completar este disco también perdieron a su bajista, Berry Oakley… en otro accidente de moto (en serio, no sé qué COJONES pasa). Oakley fue sustituido, pero Duane no, y Dickey Betts, el segundo guitarrista de la banda, se transformó en algo así como un Jimmy Page de cuatro brazos. Supongo que para compensar deciden incluir a un pianista, Chuck Leavell, que sería fundamental en el sonido de este álbum. El momento no podía ser más crítico. Estaban en la cúspide de su carrera, y acababan de sacar su mejor disco en estudio (“Eat A Peach”) y su mejor disco en directo (“At Fillmore East”, que también pasa por ser uno de los mejores de la historia). ¿Decepcionarían….?

Pues no, no lo hicieron, o por lo menos no para mí. De hecho, en muchos aspectos este disco es de lo mejorcito que llegaron a concebir. Dicen que quien tuvo, retuvo, y en este caso los Allman retuvieron una de las mejores secciones rítmicas que se pueden escuchar junto a un Dickey Betts pletórico y un piano que introducía una sonoridad mucho más bella que antes. Ésa es la palabra que define ahora al sonido del grupo: belleza. Southbound, es el único ejemplo del estilo más rockero y menos contemplativo propio de tiempos anteriores, pero es tan bueno que vale por cientos de rockeros genéricos y muestra por qué a veces dos baterías son mejores que una. Es tan bueno que, después de la separación de los Allman, el baterista Jaimoe se vio condenado a tocar esta canción para subsistir durante casi una década (es doloroso que grandes artistas se vean castigados así, y no es el único caso). El duelo que mantienen Betts y Leavell con sus solos en la recta final de la canción es espectacular. La adición de Leavell no llega a suplir la baja de Duane quizás. El juego entre las dos guitarras era espectacular, y quienes lo han podido presenciar en directo no paran de repetirlo, pero sin duda alguna el piano aporta aire fresco al estilo de este grupo.

El otro exitazo se encuentra en Jessica,  culminación de toda esa hermosura que envuelve al disco desde el principio hasta el final. Nuevamente guitarra y piano se enzarzan en otra lucha a muerte con efectos devastadores para el oyente. El momento en que entra la guitarra apoyado por el órgano de Gregg Allman es inefable (si es que ese tono de la Gibson es increíble desde el mismo comienzo). Me resulta curioso que una música, en principio, “diseñada” para rednecks pueda alcanzar cotas tan altas de emotividad, superando a la gran mayoría de los “chicos de bien”. Aunque, bueno, jamás llevaron la bandera de la Confederación como Lynyrd Skynyrd y tampoco cantaron las maravillas de Alabama. Es más, ¡Jaimoe es negro! Vale, tienen su punto misógino, pero, joder, en esa época no costaba mucho encontrar cientos de grupos con un marcado aire misógino sin buscar en el sur de los Estados Unidos.

Los temas más Country son Ramblin’ Man y Pony Boy, el cual cierra el disco con el uso de un dobro. ¡Un dobro! Con lo que me gustan a mí los slides. Es cierto que no me gusta el Country genérico, como tampoco me gusta el Blues genérico ni el Rock genérico, pero estos números tienen un encanto especial, aunque cuando sí se acercan excesivamente al Blues genérico en Jelly Jelly y se convierte directamente en lo más prescindible del disco. Ramblin’ Man sigue un poco la línea íntimo-confesional de Midnight Rider, ese precioso tema de “Idlewild South”, y, siendo peor que ese tema, esas armonías en “Lord, I was born a ramblin’ maaaaaaaan” se merecen mi aprobación.

Pocos temas, bien elegidos, pero encasillados en la música americana más tradicional. Ésa es a grandes rasgos la definición de este disco. No hay un tema más “vanguardista” (¿hasta qué punto puede ser vanguardista el Rock Sureño?) como Mountain Jam, Les Brers In A Minor o In Memory Of Elizabeth Reed, pero a veces no hace falta…

Tracklist

  1. “Wasted Words” (4:20)
  2. “Ramblin’ Man” (4:48)
  3. “Come and Go Blues” (4:54)
  4. “Jelly Jelly” (5:46)
  5. “Southbound” (5:11)
  6. “Jessica” (7:31)
  7. “Pony Boy” (5:51)