De la granja a la fábrica: ¿se puede ser más simbólico?

Género: Rock Progresivo
Valoración: Obra Maestra

Justamente entre tres álbumes muy populares (“Dark Side Of The Moon”, “Wish You Were Here” y “The Wall”), y casi los más conocidos si quitamos el “The Piper At The Gates of Dawn”, se encuentra una obra poco apreciada en la que no muchos parecen detenerse. No sé a qué se debe su desconocimiento. Quizás, debido a su naturaleza (se compone exclusivamente de tres temas largos y una pieza a modo de obertura y cierre), le faltó el sencillo exitoso que le catapultara hacia la fama. En mi opinión estamos ante una nueva injusticia musical más, ya que, en cierta manera, es el disco más redondo de Pink Floyd.

“Animals” es una obra conceptual. Supongo que no os extrañará teniendo en cuenta que “Dark Side Of The Moon” y “The Wall” también lo son y el formato conceptual es ideal para cualquier grupo de Progresivo que se precie. En este caso, el punto de referencia que debemos tener en mente es la obra orwelliana de “Rebelión en la Granja”. El uso de los animales es igual de alegórico: Pigs, la clase dominante; Dogs, los egoístas empresarios; Sheep, la masa borrega. Las comparaciones son obvias quizás, pero la forma en que van construyendo las metáforas para atacar a la sociedad es de lo mejor en materia poética que jamás hizo Roger Waters. En su momento se pensó que este disco significó la respuesta de Pink Floyd al Punk por la rabia que transmiten todas y cada una de las canciones (normal, la crítica impregna cada nota musical). No sé si compusieron “Animals” teniendo a los Sex Pistols en mente, pero la fortaleza de su mensaje es capaz de superar cualquier gamberrada juvenil. Sigue tan fresco y vigente como el primer día, y probablemente lo seguirá siendo hasta el último. “Animals” no ha envejecido nada, ni en lo musical ni en lo temático. Esa clase de obras que no pierden actualidad son las verdaderamente inmortales…

Las dos partes de Pigs On The Wing son breves piezas acústicas relativamente optimistas que parecen hablar del entendimiento entre las clases y su posible colaboración, pero no nos dejemos engañar por su suavidad: la chicha está en el medio. Dogs nos introduce desde el principio en el mundo de la supervivencia del más fuerte, del perro sin amo que se ha endurecido buscándose la vida solo (“you gotta sleep on your toes (…)/ you gotta be able to pick the easy meat with your eyes closed”). Estos perros son traicioneros (“you have to be trusted by the people you lie to/ so that when they turn their backs on you/ you’ll get the chance to put the knife in”), pero saben que cuando vayan envejeciendo será cada vez más difícil mantener su forma de vida y acabarán muriendo tristemente solos (“just another sad old man/ all alone and dying of cancer”)1. Sin embargo, todo es, en el fondo una fachada (“you just keep on pretending/ that everyone’s expendable and no-one has a real friend”). Pero… ¿y la música? La música es gloria. Las guitarras acústicas dan un toque melancólico a toda la canción y la melodía principal, que suena dos veces envuelta en eco, es verdaderamente lacrimógena (la vida de un perro es la más triste de todas, en el fondo). Son pocas notas, pero esas notas van directas al corazón. Ese clímax que se alcanza después del “and you believe at heart, everyone’s a killer”…

Pigs (Three Different Ones) comienza, simbólicamente, con un gruñido porcino que introduce toda una atmósfera diferente, casi carnavalesca. Creo que la línea “you’re nearly a laugh/ but you’re really a cry” sintetiza bien la idea de los cerdos. Su comportamiento es demasiado afectado, repleto de formas, impostaciones, simulacros, teatros… en definitiva, toda una forma de vida dando una imagen pública totalmente falsa e, incluso, exagerada. Sin embargo, son la clase dominante, es decir, están por encima de nosotros y tenemos que jugar con sus reglas. Me encantan esos riffs minimalistas de guitarra y ese teclado que hace de puente en varias ocasiones y que parece sacado de un tema de Mike Oldfield o algo similar. El uso ocasional del staccato le da un aire muy rítmico y no hablemos de los jueguecitos de estudios porque nos podemos llevar años. Baste decir que la utilización del talk box para imitar el sonido de los cerdos es para quitarse el sombrero.

Después viene Sheep finalizando el triángulo social con su introducción jazzística y esos berreos mientras el bajo va subiendo en intensidad y el tono de la canción va cambiando progresivamente. Las primeras líneas lo dicen todo: “harmlessly passing your time in the grassland away/ only dimly aware of a certain unease in the air/ you better watch out/ there may be dogs about”. Bueno, quizás no todo. Alrededor de la mitad empieza uno de los “experimentos” más interesantes del disco: una parodia del salmo 23 adaptado a las ovejas (“he converteth me to lamb cutlets”) en vocoder. Tardé siglos en darme cuenta de ese jugueteo floydiano, lo cual puede demostar dos cosas: una, que soy un inepto; o dos, la increíble dedicación y trabajo que hay cada tema. Curiosamente, Sheep es el tema más rockero de los tres, con un tempo más rápido y unos riffs de guitarra impresionantes (esa coda, por dios, ¡esa coda!).

Todo esto se acaba en poco más de 40 minutos. 40 minutos intensísimos de fuertes imágenes poéticas y recursos estilísticos que en nada tienen que envidiar a lo mejor de “The Wall” o “Dark Side Of The Moon”. Donde estos discos emplean toda su creatividad en abordar temas filosóficos y trascendentales, “Animals” pone los pies en la Tierra y ataca al sistema mismo que rige el mundo desde tiempos inmemoriales: los que mandan, los que tienen dinero y los que obedecen. Tú eliges con qué cara de Pink Floyd quedarte. Yo disfruto con todas, pero especialmente con ésta.

Tracklist

  1. “Pigs On The Wing (Part One)” (1:25)
  2. “Dogs” (17:08)
  3. “Pigs (Three Different Ones)” (11:28)
  4. “Sheep” (10:20)
  5. “Pigs On The Wing (Part Two)” (1:25)

1Sí, aquí ni se molestan en esconder la alegoría y usan la palabra “man” sin reparos.